EN LÍNEA
Todo
comenzó viendo a mis amigos y familiares cercanos haciendo uso del celular con
la aplicación Whastapp, en ese momento me llamo la atención porque era un medio
de comunicación muy fácil de usar y en el cual recibir una respuesta de la otra
persona con la que se chateaba era relativamente rápido. Después de un tiempo el
celular que usaba empezó a fallar. Entonces se me presento la oportunidad de
comprarme otro dispositivo y esto permitió comprarme un nuevo celular en el
cual pudiera descargar esa aplicación.
Con
el transcurso del tiempo el uso de esta aplicación se convirtió en una
necesidad para comunicarse con muchas personas ya sean amigos, familiares y
hasta compañeros de trabajo para enviar y recibir información importante. Pero
esto hizo que su uso se aumentara durante el día y ya tuviera la necesidad de
estar mirándolo más seguido algo que no realizaba antes y hoy en día lo veo
cada 15 minutos así no me envíen mensajes, ya tengo la costumbre y la
curiosidad de ver los estados y fotos de mis contactos. Es así como reconozco
que estoy teniendo una adicción al Whatsapp.
LA
PROBADITA
Situándose
en los comienzos del 2000 siendo adolescente veía a mi madre tomar tinto y
fumarse un cigarrillo a diferentes horas del día; analizando ese comportamiento
notaba que lo hacía cuando se levantaba, después de realizar una actividad
larga y por último como una alternativa para comer las onces. Esto hizo que me
diera curiosidad probar esa bebida que se veía a simple vista caliente y
relajante para el tipo de clima de la capital, pero el acompañante es decir el
cigarrillo me parecía todo lo contrario, le tenía rabia porque ese humo me
había afectado mi salud durante mi niñez porque estaba siendo una fumadora
pasiva.
Un día cualquiera le dije a mi madre que me diera de probar un poquito de café en un pocillo acompañado de un rico y delicioso pan. Desde ese momento descubrí el delicioso sabor del café y con el transcurso del tiempo tomándolo frecuentemente sentí que ocasionaba algunos efectos en mi cuerpo como calentarme, relajarme y darme energía para seguir con mi rutina diaria. Ahora en estos momentos de mi adultez no me puede faltar tomarme una taza de café por lo menos una vez al día porque mi propio cerebro me lo pide, mi cuerpo ya lo tomo como una necesidad por eso los días se hacen más llevaderos con una taza caliente de café.


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